Mi peor enemigo: la procrastinación

Aprendizajes de mi primera experiencia trabajando en diseño.

Por: David Monsalve
Diciembre 18, 2020

Desde que las listas de tareas entraron en mi vida he tenido el mismo problema. Se acumulan las tareas sin resolver y cuando llega el tiempo de entrega, miro hacia atrás y me hago la misma pregunta: ¿Cómo es posible que llegué de nuevo a este punto donde falta un día para entregarlo todo, tuve tiempo suficiente como para escribir un libro y aún así no tengo nada de lo que debía de entregar?

Encontré un libro que promete enseñar la cura de la procrastinación. Quisiera compartir los puntos que considero más importantes y con los cuales siento que todos los procrastinadores crónicos nos podremos identificar.

Sobre las distracciones

Lo primero para dejar la procrastinación es eliminar las distracciones, si empezamos con el terreno aplanado será mucho más fácil construir sobre él.

Configurar el celular en “no molestar” y bloquear las notificaciones de tu navegador te va a permitir estar conectado con la tarea que estés haciendo, y así Facebook no te va a sugerir que veas la foto de alguien que no conoces o que le des like a la publicación de tu restaurante favorito.

De tu lista de tareas descarta las que no son realmente importantes, sácalas de ahí y haz una lista secundaria que solo irás a mirar cuando termines con lo que realmente importa.

El multitasking no funciona. Si eres un procrastinador crónico como yo, sabrás que al hacer varias tareas a la vez terminarás haciendo la menos aburrida y seguramente la menos importante de todas las tareas. Concéntrate en tu única tarea importante y tendrás éxito.

Libera tu área de trabajo. Ten a la mano solo los elementos necesarios para completar tu tarea, ya sean objetos físicos en tu escritorio que podrían absorber tu atención o distracciones digitales como videos, imágenes, música, capas de photoshop innecesarias, o incluso pestañas en tu explorador que no necesitas en el momento.

Decisiones estratégicas

Ahora que estamos libres de distracciones debemos tomar decisiones estratégicas que ayudarán a mejorar el rendimiento del tiempo. Por ejemplo, destina menos tiempo del que usualmente haces para completar tus tareas y procura no darte más de una prórroga. Cuanto más tiempo destines a terminar un trabajo, más tiempo perderás.

Cuando las tareas que debas hacer no tengan una fecha específica de entrega, pídele a alguien que te ponga un plazo de entrega, usualmente cuando somos nosotros mismos quienes nos ponemos las fechas finales, simplemente no las cumplimos.

Intenta identificar en qué momento del día o bajo qué circunstancias eres más productivo y procura hacer estas tareas durante esos momentos o condiciones. Por ejemplo, yo descubrí que, si logro concentrarme de 9 de la mañana hasta las 12 del mediodía tendré un montón de tareas resueltas y voy a estar más tranquilo en mi jornada de la tarde. La clave, entonces, está en poner mis tareas más largas o más difíciles en la mañana donde se que tengo más capacidad de concentración.

Finalmente, si vuelves a procrastinar, perdónate y asúmelo como un reto contigo mismo. Durante estos meses de trabajo en ImasD, he detectado que la procrastinación definitivamente es mi peor enemigo, es difícil de combatir y más aún cuando es algo que llevas haciendo por años. Así que al detectarlo, decidí hacer algo al respecto (inmediatamente, no después) y comencé a redefinir mis hábitos.

Les dejo como recomendación el libro que leí, se llama “La cura de la procrastinación” de Damon Zahariades, para que si se sienten identificados, comiencen a aplicar estos aprendizajes en su 2021 🙂

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