Que el miedo te tire al vacío.

Cambiar la perspectiva del miedo para la innovación.

Por: Erika Jaramillo
Marzo 30, 2023

El miedo es una emoción primaria que cobra vida cuando existe una amenaza y produce una reacción que posibilita o paraliza al acción. El miedo puede ser tanto objetivo como subjetivo, real o Imaginario, racional o irracional. Es una anticipación simbólica del daño y se construye mediante la representación de experiencias anteriores. El miedo es esa emoción responsable de nuestra supervivencia, biológicamente dispone al cuerpo para quedarnos quietos o huir en un momento de amenaza o a actuar en defensa.

En el contexto organizacional el miedo ha sido estudiado, según Bedoya (2016), desde una perspectiva positiva y otra negativa. Sin embargo, este se ha centrado en el entendimiento de los efectos negativos, que se evidencian desde la sicología del trabajador hasta la eficiencia, la calidad y la productividad en los equipos.

Los principales miedos que se declaran son el miedo al fracaso, al rechazo, a la no supervivencia, a la pérdida de poder y al cambio. Estos, afectan directamente a las personas de la organización, y tienen un impacto directo en el trabajo en equipo, el intercambio, transferencia y creación de conocimiento y, especialmente, los procesos de innovación. Esto sucede, gracias a que cuando una persona tiene miedo su cerebro entra en modo conservación; su mismo sistema cohibe la generación de nuevas ideas  o formas diferentes que impliquen un cambio en el status quo, y busca mantener lo que ya conoce y le genera seguridad.

Podría decirse entonces, que el miedo es una de las grandes barreras en la innovación, ya que es un proceso en los que las personas se exponen a elevados niveles de incertidumbre, arriesgan su capacidad creadora y se ven vulnerables en su reconocimiento y seguridad tanto personal como laboral. El miedo termina por enceguecer a los equipos y les impide ver posibilidades u oportunidades evidentes, paraliza o entorpece la capacidad creadora y ejecutora en proyectos de alto riesgo.

“Para Kriegesmann et al. (2007) el miedo conduce a intentos fallidos en el descubrimiento de nuevos métodos de trabajo. Según Scarnati (1998), bajo amenaza las personas creativas se centran en el miedo y no toman riesgos o ejercen la libertad mental de ser innovadores, sino que tratan de mantener su puesto de trabajo. De esta forma, Kriegesmann et al. (2007) mencionan que la innovación es posible en la medida que no exista la aversión al riesgo ni miedo a cometer errores.” (Bedoya, 2016).

Se sabe que el miedo siempre va a estar presente, mientras los procesos se lleven a cabo por seres humanos, son emociones que no podrán evitarse. Por eso, se debe cambiar la manera de entenderlo y ser capaces de usarlo para movilizar y, así, evitar una parálisis organizacional.

El miedo abre posibilidades y, como se dijo en un principio, es el responsable de la supervivencia y evolución humana. El miedo a quedarse estancado y a dejar de existir debería ser el miedo que predomine en la organización e impulse a los equipos a una búsqueda constante de nuevas rutas, caminos que permitan las sostenibilidad de la compañía. Estos miedos superiores permiten la co-creación, abren espacio a nuevos conocimientos y a procesos de experimentación, reflexión y aprendizaje. 

Es necesario entonces dirigir el miedo, cambiar el foco. El miedo a no permanecer, el miedo a morir son los que deberían impulsar los procesos de innovación. Estos abren la puerta a un trabajo colectivo con un objetivo claro: seguir caminando, mantenerse, sobrevivir.

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